El Plesiosaurio un dragón de las profundidades

El Plesiosaurio un dragón de las profundidades

El Plesiosaurio

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El plesiosaurio es un animal extinto de la Era Mezosoica, concretamente del periodo Jurásico, que habitaba los mares y se caracterizaba por una forma de peonza, con cuello y cola largos y zona central muy redondeada e hinchada, como en las tortugas.

El primer especímen de plesiosaurio fue hallado en 1821 por la buscadora de fósiles Mary Anning, cerca de Lyme Regis, Dorsetshire, y en los siguientes veinte años se creó el taxón Plesiosauria y el género Plesiosaurus, del que sir Richard Owen llegó a nombrar más de cien especies distintas.

De ahí que el plesiosaurio seauno de los saurios prehistóricos de los que se conservan más fósiles, pero también uno de los peor descritos por cuanto durante al menos 100 años, a lo largo del siglo XIX, cientos de restos parciales fueron convertidos en un listado larguísimo de especies y subespecies, muchas de ellas escasamente documentadas. Y cuando algún fósil no encajaba en ninguna de las especies anteriormente descritas acababa englobado en un género que actuaba como cajón de sastre, el género Plesiosaurus, que sirvió a la vez como tipología básica del Orden y como elemento distorsionador de la taxonomía de la misma.

Se trata, asimismo, de una de las criaturas prehistóricas más ampliamente geolocalizadas, y la combinación de ambos hechos (su extensión geográfica y la gran variación existente entre los fósiles hallados han hecho pensar a algunos científicos que en realidad no se trata de un solo tipo de animal, sino de varios.

Finalmente, es interesante comentar que, aunque es cierto que se han encontrado restos por todo el mundo, sólo dos yacimientos tienen cantidades significativas de restos de Plesiosaurus, y están muy alejadas entre sí: los depósitos de Oxford Clay, en Lyme Regis, y la formación del Valle de Niobrara, en Kansas, Estados Unidos.

Paleobiología del Plesiosaurio

Características físicas del Plesiosaurio

Dimensiones

Dado que el nombre de plesiosaurio no se aplica a una sola especie sino a todo un orden formado por varias familias, las dimensiones de cada una de sus variantes son bastante distintas, e incluso difieren en ciertas características físicas básicas:

  • Los primeros plesiosaurios fueron los plesiosáuridos, que vivieron hace entre 220 y 175 millones de años. Tenían cabezas pequeñas y cuellos alargados. Su tamaño era bastante pequeño, de 2 a 5 metros de largo.
  • El segundo grupo de plesiosaurios fueron los pliosáuridos, y vivieron hace entre 200 y 80 millones de años. Sus cabezas eran mucho mayores que en el grupo anterior, con mandíbulas enormes que podían llegar a medir 3 metros. Su envergadura total podía ser de unos 12 metros en los ejemplares más pequeños (se cree que los mayores podían superar los 20 metros) y pesaba unas 10 toneladas.
  • Un tercer grupo, los criptoclídidos, vivieron hace entre 160 y 65 millones de años y eran más alargados y gráciles que las variedades anteriores, con cuellos muy largos y dientes muy pequeños.
  • El último grupo de plesiosaurios fueron los elasmosaurios, los mayores de la orden, de entre 12 y 17 metros de longitud, y con un cuello extremadamente largo, ya que tenían 72 vértebras cervicales. La época en que vivieron es similar a la del grupo anterior.

El peso medio de un Plesiosaurus adulto se situaba en torno a los 450 kg, un peso similar al de una vaca adulta. No se trataba, pues, de un animal especialmente pesado dado su tamaño, ya que la parte correspondiente al cuerpo era relativamente reducida. No obstante, en las especies más grandes del Orden, que podían tener casi 20 metros de largo, este peso podía subir a varias toneladas.

Morfología craneal

La cabeza del plesiosaurio es pequeña en relación a su cuerpo y se sitúa al final de un cuello muy largo, que en algunos especímenes podía llegar a medir 7 metros, aunque lo más habitual es que midiera sobre metro o metro y medio en el Plesiosaurusdolichodeirus.

El cráneo es alargado y estrecho, con una forma triangular en la parte delantera, como las actuales serpientes y está coronado por una pequeña cresta sagital.

Las fosas nasales son protuberantes y se sitúan en la parte superior del cráneo, justo por debajo de los ojos.  Por debajo de las fosas nasales, la mandíbula tiene forma de V bastante abierta y dentro hay varias hileras de pequeños dientes muy puntiagudos

Cuerpo

En la especie P. dolichodeirus la columna vertebral está formada por 40 vértebras cervicales, unas 4 o 5 vertebras pectorales, 21 vértebras dorsales 3 vértebras sacras y 28 vértebras caudales, lo cuál implica que tanto la cola como el cuerpo miden (por separado), menos que el cuello. Las vertebras dorsales y cervicales sor articulables, mientras que las caudales son bastante más rígidas, lo cual implica que la cola tenía una movilidad escasa.

Aletas

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La configuración de las aletas de los plesiosaurios es única entre los animales acuáticos.

 La mayoría de las bestias que nadan y que presentan cuatro aletas suelen usar las delanteras para maniobrar (a modo de timón) y las traseras para impulsarse (como si fueran un motor), de manera parecida a como usan los nadadores humanos brazos y piernas, y eso da lugar a que ambos pares de aletas presenten una morfología diferenciada, siendo las delanteras normalmente pequeñas y las traseras más grandes.

No obstante, las cuatro aletas de los plesiosaurios son prácticamente iguales (en realidad las traseras son algo menores que las delanteras en los especímenes adultos, aunque no en los más jóvenes), detalle que probablemente se deba al hecho de que este orden de reptil acuático desciende del Nothosaurus y que sus cuatro aletas son la evolución directa de las patas de este reptil anterior, parecido al actual cocodrilo y adaptadas ya al medio acuático.

En todo caso, esas cuatro aletas casi idénticas, con unos huesos que aún conservaban la forma de dedos, y además de gran tamaño suscitan dudas acerca de cómo nadaba, tema que abordaremos más adelante.

Cobertura

Aunque no se han descubierto fósiles de plesiosaurio que conserven restos de tejido epitelial, las marcas dejadas por los tejidos blandos en los sedimentos parecen apuntar a que la cobertura externa de los Plesiosauria era algún tipo de tejido liso y suave, sin escamas ni rugosidades, más similar al de los delfines que a los saurios actuales.

Dimorfismo sexual

No se ha observado dimorfismo sexual en los fósiles de Plesiosaurio.

Comportamiento social y costumbres del plesiosaurio

Alimentación

Aunque el plesiosaurio era uno de los mayores seres acuáticos del Jurásico, y probablemente el que tenía una mandíbula más poderosa, el hecho de que en la mayoría de los casos sus dientes no tengan la fisiología óptima para masticar indica que muy probablemente su alimentación era similar a la de los actuales mamíferos marinos, basada en la succión de pequeños animales acuáticos que podían tragar enteros. También es el mismo tipo de alimentación de la mayoría de anfibios y reptiles acuáticos actuales.

Sus presas más habituales eran los moluscos (se han encontrado fósiles de belemnites y ammonites en la zona que ocuparía el estómago en esqueletos fosilizados de plesiosaurio)y los peces óseos.

No obstante, algunas de las especies mayores de plesiosaurio, como los pliosauridos del Jurásico, tenían dientes mayores y solían atacar y devorar a otros reptiles. De hecho, se han descubierto restos de plesiosaurios en cuyo estómago había lo que parecían huesos de pterosaurio. Y lo más curioso es que los pliosauridos ni siquiera necesitaban sacar el cuerpo del agua para cazar reptiles voladores, ya que les bastaba extender sus hasta 7 metros de cuello.

Por otra parte, dado que sus ojos apuntan hacia adelante y se sitúan en la parte superior de la cabeza, como en las serpientes actuales, sugiere que cazaba sus presas tras perseguirlas y situarse tras ellas.

Asimismo, otros seres cazaban plesiosaurios, entre ellos los tiburones gigantes de la época, que atacaban en grupo, y los mosasaurios.

Locomoción

Para moverse en el agua, el plesiosaurio movía sus cuatro largas aletas, similares a las patas de las tortugas actuales, con las cuales apartaba el agua hacia atrás y se impulsaba hacia adelante. No parece que la cola, bastante corta en relación al resto del cuerpo, cumpliera función alguna a la hora de nadar.

No obstante, el hecho de que las cuatro aletas fueran tan grandes, con cierta similitud con las alas de ciertas especies y, además, exactamente iguales, sin la diferenciación entre aletas traseras y delanteras común a todos los demás seres acuáticos conocidos, suscita serias dudas acerca de como nadaba.

Desde los años 50 se han formulado varias teorías al respecto, siendo la más aceptada la que supone que el plesiosaurio se movía con una especie de “vuelo submarino”, moviendo las aletas arriba y abajo y hacia atrás para impulsarse a través del agua, de manera similar a como lo hacen actualmente los pingüinos. Para controlar la flotabilidad y evitar ser empujado hacia arriba, algunos científicos afirman que ingería piedrecitas y las guardaba en el estómago. Estos gastrolitos han sido encontrados en muchos fósiles de reptiles marinos, y son especialmente abundantes en un fósil hallado en la Antártida, cuyo estómago contenía 2626 piedras.

No obstante, más interesante es la discusión acerca de qué función juega cada aleta en ese movimiento, es decir, si las cuatro se mueven a la vez o se alternan, ya que hay cuatro opciones:

  • Que las aletas se muevan de manera alterna para crear un movimiento continuo y regular, sin los saltos típicos que se observan en el movimiento de peces y mamíferos acuáticos.
  • Que las aletas se movieran a la vez, para lograr un avance escalonado pero rápido gracias a una mayor potencia de impulso
  • Que cada aleta se mueva por separado, creando un movimiento más errático
  • Que las aletas no impulsen al animal, sino que el impulso sea dado por el movimiento de todo el cuerpo y las aletas solo giren para dirigirlo, es decir, que actúen sólo de timón, no de impulsor.

Incluso existe la quinta opción: que adaptasen su movimiento a cada necesidad concreta, como hacen la mayoría de animales.

Asimismo, un detalle importante para la movilidad del plesiosaurio es la capacidad que tenían de mover su larguísimo cuello, de hasta 7 metros, y de adaptar la posición de este a las necesidades de la locomoción acuática.

Hasta ahora se suponía que el disponer de un cuello tan largo podía suponer una ventaja en la caza, pero que probablemente resultaba una molestia en lo que se refiere a la locomoción. Recientemente, Pernille V. Troelsen, una estudiante de doctorado de la Universidad John Moore de Liverpool (Reino Unido), ha recreado las condiciones de movimiento de un plesiosaurio mediante simulaciones informáticas y aplicación de la dinámica de fluidos, y su modelo 3D ha confirmado que los plesiosaurios probablemente no doblaban el cuello cuando nadaban rápido, y se mantenían quietos o iban muy lentamente cuando necesitaban mover la cabeza para cazar, ya que un cuello doblado sería muy poco aerodinámico.

De hecho, el estudio de Troelsen se hizo en base a una velocidad media de 3,6 km/h y ya mostraba problemas cuando el plesiosaurio doblaba el cuello, mientras que con el cuello recto se conseguían velocidades de hasta 9 km/h, similares a las marcas de los delfines actuales.

En cambio, una vez parados o en flotación, el movimiento del cuello, que  se doblaba casi por completo hacia cualquier dirección, permitiría que el Plesiosaurus se mantuviera relativamente a salvo de otros depredadores a los que el movimiento alertaría mientras perseguía a sus presas con su cuello.

Reproducción y cría

Durante mucho tiempo se supuso que el plesiosaurio también podía salir del agua y desplazarse sobre el suelo. No obstante, actualmente se duda bastante de que sus aletas fueran lo suficientemente fuertes como para sostener el peso del animal. No eran patas, no tenían un punto de apoyo claro, aunque probablemente sí permitían que el plesiosaurio se mantuviera erguido en zonas de aguas poco profundas.

Saber si podía salir o no del agua parece anecdótico, pero durante gran parte de las últimas décadas ha resultado un punto crucial en un debate más amplio, el de cómo nacían los plesiosaurios, si de huevos tras un periodo de incubación bajo tierra, como las tortugas marinas, o ya vivos y formados, como los de los mamíferos marinos actuales. Para que la primera opción fuera posible era necesario que el plesiosaurio saliera del agua, algo que hoy en día se acepta que no podía hacer.

En cuanto esa posibilidad desapareció, la mayoría de los paleobiólogos se inclinaron por la teoría de que los plesiosaurios eran vivíparos, teoría que se ha confirmado recientemente con el estudio de un fósil de hace 78 millones de años que alberga un embrión en su interior.

Descubierto en 1987, el plesiosaurio en cuestión es un ejemplar bastante grande, de 15,4 pies de longitud, y su estudio ha permitido no sólo confirmar la idea de que eran seres vivíparos, sino también establecer el grado de desarrollo de los plesiosaurios recién nacidos. El embrión que contenía el fósil era muy grande en relación con la madre, mucho mayor de lo que son los hijos nacidos de otros animales vivíparos como las actuales salamandras.

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Se ignora a día de hoy si los plesiosaurios recién nacidos eran plenamente funcionales o, como ocurre con los mamíferos acuáticos actuales, requerían de ciertos cuidados maternales durante un tiempo hasta que podían independizarse.

Aunque la mayoría de las leyendas sobre seres parecidos a los saurios prehistóricos se centran en animales terrestres, los plesiosaurios han tenido algunos momentos de gloria en el imaginario popular, empezando por las referencias a monstruos marinos que poblaban las historias de marineros desde tiempos inmemoriales. También han aparecido en el cine, como el plesiosaurio que ataca un U-Boot en “La Tierra que el tiempo olvidó” (1975), y en la literatura, como la referencia a esta bestia aparecida en “Viaje al centro de la Tierra” (Julio Verne), por no hablar de los videojuegos.

En 1977, un barco japonés pescó lo que parecía un plesiosaurio y varios científicos de renombre inspeccionaron el hallazgo. Aunque varios de ellos afirmaron que no encajaba en ninguna taxonomía de pez o mamífero acuático conocida, el análisis de muestras de tejido por parte del Dr. Shigeru Kimura, un bioquímico de la Universidad de Tokio, reveló que probablemente se trataba de algún tipo de tiburón, ya que sus músculos contenían una proteína que sólo se encuentra en este tipo de peces.

Pero, sin duda alguna, el plesiosaurio (o supuesto plesiosaurio) más conocido del mundo, aunque muy probablemente no exista, es el Monstruo del Lago Ness, también llamado Nessie y alrededor del cual se ha organizado una importante industria turística.

Las primeras referencias a la posibilidad de que hubiese un monstruo en las profundidades del lago Ness son de la Alta Edad Media, y se refieren probablemente a los kelpies (caballos acuáticos) de los mitos celtas, pero los primeros testimonios modernos son de mediados del siglo XIX, la época en que empezaron a generalizarse las noticias sobre los hallazgos de fósiles en todo el mundo, y resultan bastante ambiguos: hablan de una extraña criatura, quizás un gran pez, quizás algo parecido a un cocodrilo, que se movía por las aguas del lago, provocando remolinos.

Pero la categoría de “monstruo” le llegó a la bestia del lago en 1933, cuando el estreno de las películas “El mundo perdido” (1925) y “King Kong” (1933), habían sumido a los espectadores en una especie de paleomanía. En ese año, al menos dos personas reportaron haber visto a la bestia y la describieron como un animal grande, de cuello largo y cabeza dentada. Desde ese momento, los pueblos de la zona se volcaron en el turismo, y la leyenda se volvió omnipresente.

En 2003, el pensionista Gerald McSorley, de Stirling, una población situada cerca del Lago Ness, encontró un fósil de plesiosaurio en un bancal: se trataba de cuatro vértebras perfectamente identificables, con su correspondiente espina dorsal, incrustadas en una piedra sedimentaria, y los lugareños empezaron a hacer correr el rumor de que se trataba del auténtico monstruo del Lago Ness, la realidad detrás de la leyenda. Aunque el descubrimiento es muy interesante porque nunca se había descubierto nada similar en la zona, el hecho de que el Lago no existiera en la época de los plesiosaurios hace realmente improbable que las raíces del mito lleguen tan atrás.

Posteriormente, en 2014, unas fotos satelitales difundidas por Apple y que mostraban una especie de sombra gigantesca bajo las aguas del lago volvieron a hacer saltar la liebre, aunque luego se explicó que se trataba de la estela dejada por una embarcación.

En todo caso, la hipótesis del plesiosaurio como explicación de la leyenda parece poco sólida, ya que el lago Ness es frío, demasiado pequeño para toda una colonia de plesiosaurios que hubiera conseguido sobrevivir a la extinción y está demasiado a la vista para que los avistamientos de Nessie sean tan poco frecuentes.

 

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